¿Se vive mejor con o sin valores?

 

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La felicidad es algo parecido a estar bien, a sentirse bien. No sentirse bien durante unos momentos, sino sentirse a gusto con el presente, en paz con el pasado y confiado con el futuro. De hecho  se pueden tener intensas satisfacciones en el día a día a la vez que podemos sentirnos infelices. En algunas personas  las gratificaciones más intensas se acompañan de inmediato de un intenso sentimiento de vacío y angustia.

La falta de valores personales puede hacer de las personas falsos triunfadores, en la medida que no tengan freno moral en la persecución de sus fines. Las personas sin valores pueden llegar a niveles profesionales altos ayudados por su escepticismo y amoralidad. No obstante, todos los estudios psiquiátricos indican que la ansiedad y el suicidio son más frecuentes en las personas sin valores y sin referencias morales. Las personas con convicciones éticas, religiosidad verdadera y capacidad para defender posiciones morales experimentan niveles de felicidad y bienestar mayores que las que no creen en nada.

Los valores aportan al individuo el para qué de sus acciones, sus esfuerzos y su vida. Un buen para qué es capaz de mantenernos enteros en los momentos malos y de hacernos disfrutar en los momentos cotidianos. Y hoy no conocemos otra cosa que se acerque más a lo que suponemos como felicidad.

 

 

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